Discurso entrada en el
Rock 'n' Roll Hall of Fame
Por Paul Simon
Me gustaría aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a las muchas personas que me han inspirado, influido y moldeado a lo largo de lo que ha resultado ser una carrera sorprendentemente larga.
Es posible que algunos de estos nombres no os resulten familiares y que más de uno ya haya fallecido, así que os pido indulgencia al leer esta lista.
Empiezo dando las gracias a The Crows, cuya canción “Gee” fue la primera grabación que realmente me gustó cuando la escuché en la radio. Después de eso, empecé a escuchar el programa The Moon Dog de Alan Freed y me encantaron The Penguins, The Moonglows, The Jacks, The Paragons y Johnny Ace, cuya canción “Pledging My Love” fue el primer disco que compré. Me encantan los colores y los nombres de los primeros sellos discográficos: Dootone, Savoy, Duke and Peacock, Specialty, Apollo, Chess y el magnífico sello rojo y negro de Atlantic Records.
Me gustaría dar las gracias a Ray Charles, Ruth Brown y Dinah Washington. Era un gran admirador de Fats Domino y de todos los músicos de Luisiana que sabían cómo darle ritmo al rock and roll.
Doy las gracias a Sam Phillips, de Sun Records, por los rockabillies Carl Perkins, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash y Elvis Presley, cuya canción “Mystery Train” sigue siendo mi favorita de todos los tiempos. Me pasé toda mi carrera intentando conseguir ese sonido.
Quiero expresar mi gratitud a los grupos de Nueva York a los que imitábamos en las satinadas noches de verano, cuando nos parábamos bajo las farolas y cantábamos doo-wop.
Así que brindemos por Frankie Lymon, de Washington Heights; The Cleftones, de Queens; y Dion and the Belmonts, del Bronx.
Doy las gracias a Sid Prosen, propietario de un pequeño sello discográfico llamado Big Records, que nos firmó a Art Garfunkel y a mí nuestro primer contrato discográfico. Nos llamó Tom y Jerry, y nuestro disco se titulaba “Hey schoolgirl”. Teníamos 16 años.
Doy las gracias a Alan Freed, que por una suma razonable de dinero y los derechos de publicación de la cara B, puso nuestro disco hasta que se convirtió en un éxito. Ojalá la radio fuera así hoy en día. [Risas]
Le doy las gracias a Dick Clark, que nos llevó a American Bandstand el Día de Acción de Gracias de 1958.
Agradezco a todos los DJ que pusieron nuestra grabación y nos llevaron a sus bailes de discos para hacer playback, y que me enseñaron el significado de la palabra “it's a freebie” (si quieres sonar en la radio, te toca actuar gratis). [Risas]
Me gustaría dar las gracias a aquellas dos chicas de Covington, Kentucky. [Risas]
Estoy en deuda con las editoriales del 1619 y el 1650 de Broadway [el Brill Building y el edificio Tidelands] y con todos esos pequeños estudios como Associated y Dick Charles, donde aprendí mi oficio grabando maquetas para compositores que querían que cantara sus canciones imitando a Frankie Avalon.
A principios de los 60, me movía por la escena folk de Bleecker y MacDougal; agradezco a los dueños del Gerde's Folk City. Recibí la influencia de Dave Van Ronk, Tom Paxton, Phil Ochs y Bob Dylan, cuyo productor, Tom Wilson, nos fichó para Columbia Records.
"Le agradezco a Goddard Lieberson, el presidente de Columbia, que no permitió que nos cambiaran el nombre e insistió en que nos llamáramos Simon and Garfunkel; la primera vez, que yo sepa, que se usaron nombres étnicos en la música pop.
Le doy las gracias a nuestro mánager y amigo Mort Lewis.
Los momentos más felices de mi juventud los pasé en Inglaterra. Toqué con varios de los grandes de la escena folk inglesa: Martin Carthy, que me enseñó “Scarborough Fair”; Davy Graham, que escribió “Angie”; Bert Jansch, John Renbourn, Dave Swarbrick y el Ian Campbell Folk Group.
Empecé cantando en pubs por tres libras la noche —aunque, como me preguntó una vez mi hermano: '¿tres libras de qué?'— [ En Norteamérica, la palabra "pound" (libra) se usa exclusivamente para la unidad de peso, de ahí la confusión del hermano]
Justo antes de volver a los EE. UU., mi caché se había disparado a 25 libras la noche, y yo pensaba que más o menos valía eso.
'The Sound of Silence' se convirtió en número uno después de que Tom Wilson grabara encima guitarras eléctricas y batería sobre la versión acústica original; con ese solo gesto, me cambió la vida".
"Mi agradecimiento a Roy Halee, que fue el ingeniero de sonido de cada uno de los discos de Simon & Garfunkel, desde nuestra cinta de audición hasta Bridge over Troubled Water.
Me gustaría dar las gracias al Reverendo Claude Jeter, cuyo grupo, los Swan Silvertones, inspiró “Bridge over Troubled Water”.
Doy las gracias a Art Garfunkel por compartir los increíbles días de nuestro éxito temprano; el sonido de su voz junto a la mía era cómo yo imaginaba las canciones que escribía. Lamento el final de nuestra amistad y espero que algún día, antes de que muramos, hagamos las paces. [Largo aplauso]
Sin prisas. [Risas]
"Es broma, es solo una broma... estoy bromeando, esto es Nueva York.
Quiero dar las gracias a un hombre llamado Leslie Kong, que me llevó a Kingston, Jamaica, para grabar “Mother and Child Reunion” en el estudio de Byron Lee; donde los petas [porros] eran tan grandes como bates de béisbol y las vacas y cabras pastaban justo a la puerta del estudio. La banda que me acompañó en ese disco fueron Toots and the Maytals.
Estoy agradecido a la sección rítmica de Muscle Shoals por su trabajo en “Kodachrome” y “Loves Me Like a Rock”.
Agradezco a los Dixie Hummingbirds, a los Oak Ridge Boys y a todos los grupos de gospel con los que he trabajado, desde los Jessy Dixon hasta los Mighty Clouds of Joy.
Doy las gracias a Phil Ramone, que estuvo a mi lado durante gran parte de ese trabajo y que me presentó a Richard Tee y Steve Gadd, que son como hermanos para mí".
Me gustaría dar las gracias a Philip Glass, cuya amistad me ayudó a dar forma a mi pensamiento musical. Del mismo modo, a Chuck Israels, que me enseñó armonía y teoría.
Mi amor y admiración para Joseph Shabalala de Ladysmith Black Mambazo. A Ray Phiri y Bakithi Kumalo, quienes me ayudaron a crear Graceland y tocaron a mi lado en Central Park.
Gracias a Mo Ostin, que me fichó para Warner Brothers y sigue siendo mi querido amigo.
Mi gratitud y amor para Lorne Michaels, mi vecino y amigo, que me dejó disfrazarme de pavo y cantar “Still Crazy After All These Years” en Saturday Night Live.
Quiero mencionar a Quincy Jones, que escribió el precioso arreglo para 'Something So Right' y, años más tarde, me presentó a Milton Nascimento, quien me llevó a Brasil para mi trabajo en The Rhythm of the Saints.
Estoy en deuda con Eddie Palmieri y Tito Puente por su guía y apoyo cuando empecé a escribir un musical latino para Broadway. Agradezco a Oscar Hernández, Rubén Blades, Ednita Nazario y Marc Anthony, quienes compartieron la euforia y las decepciones de The Capeman.
Doy las gracias a Steve Shehan, Jamey Haddad, Mark Stewart y a mi amigo Vincent Nguini, el gran guitarrista de Camerún; ellos hicieron de You're the One una de las experiencias creativas más gratificantes de mi carrera.
Agradezco a mi padre, fallecido hace ya seis años, que fue músico y director de orquesta. Él fue mi mejor maestro: me enseñó a amar y respetar a los músicos, me convirtió en director de banda, me regaló mi primera guitarra y me enseñó los acordes de todas aquellas viejas canciones de Doo-Wop.
Doy gracias a Dios por los dones que recibí y por dejarme vivir el sueño que soñé cuando tenía 12 años y escuché por primera vez esa magia mística que expandía la mente: el Rock and Roll.
Gracias.